Hola, buenos días. ¿Qué tal están hoy? Yo un poco desmoralizado. Aunque quizá no sea esa la palabra. Un tanto tristón y decepcionado quizá sea más exacto. ¿Y por qué? Pues porque me sabe mal la mala prensa que tenemos los fantasmas. Es que tenemos hasta diferentes palabras que nos definen, y a cuál de ellas más tétrica que la anterior. Si oyes “fantasma” te suena hasta a simpático. Si oyes “espectro” ya da más cague. Cuando nos llaman “espíritus” o “ánimas”, directamente como que acojona el nombrecito. Pero ya cuando nos definen como “entes” la verdad es que jode. Y te dan ganas de decir: Oiga, que “ente” lo será usted. Que yo solo soy un alguien que me morí un buen día (o malo, depende de cómo se mire) y tampoco tengo por qué aguantar que me insulten. Bastante tengo con no acordarme de quién era cuando estaba vivo como para encima tener que aguantar nombrecitos. Que vale, que yo comprendo que el desconocimiento de lo que somos en este plano asuste y tal. Pero ¿cómo no ha de asustar si nos ponen ustedes estos nombrecitos para definirnos? ¿No nos podrían llamar de otra forma más agradable? Un nombre que incitase a la proximidad, al cariño… No, ya veo que eso es mucho pedir.
Entre que ustedes no saben lo que somos nosotros y que nosotros mismos tampoco lo sabemos…está la cosa jodía. Quizá habría que hacer algo para intentar comunicarnos los unos con los otros y conseguir para ambos lados algo de información. Hay aquí quién lo ha intentado. Sin ir más lejos, mi amigo “el Petas” intentó el otro día comunicarse con un vivo que por lo visto habita en la casa donde él vivía. De las pocas cosas que se acuerda el pobre, la verdad, que éste aún tiene menos recuerdos que yo. Y ciertamente no será porque no puso de su parte aquí el amigo. Pero el resultado fue un auténtico desastre. Y es que no sabemos por qué narices, en cuantico que te acercas a un vivo, baja drásticamente la temperatura de la habitación donde estéis.
¿Qué por qué pasa esto? No tengo ni idea, pero la cuestión es que pasa. Y claro, el vivo ya se queda con la mosca detrás de la oreja. Que si qué frío que se ha puesto de repente, que si esto no es normal, que si se me está poniendo la carne de gallina… Vamos, que no son precisamente las condiciones más idóneas para una comunicación, ¡pero es que pasa siempre! Tampoco nosotros tenemos la culpa de que sea así. El caso es que, ¿quién es el muerto que en ese momento intenta susurrarle algo al oído al vivo para que sepa que está allí? A mí ni se me ocurriría, porque el vivo del susto se convierte en muerto por la vía rápida. (Ahora, que también los hay en este lado graciosillos y con mala leche, que de todo hay, no voy a negarlo) Que poderse hacer, se puede. Que te oigan ya es otro cantar. Y que te entiendan… bueno, eso aún es más difícil. Y si no fíjense en las dichosas psicofonías que tienen ustedes grabadas hasta la fecha. ¡Ni una clara! Y los nuestros aquí desgañitándose a ver si alguien los escucha. Y nada. Como mucho pillan ustedes en la grabación alguna palabra o dos, lo cual no es mucho para poder hacerse una idea de lo que aquí sucede. Y ya no hablemos de la interpretación:
-dice “sal a la terraza”.
-no, no. Dice “extraña sin grasa”.
-¡qué va a decir eso!, lo que dice es “quítate la faja”.
Vamos, que no dan ustedes ni una. Y el pobre fantasma aquí gritando como un poseso: “Esa era mi casa, esa era mi casa…”. Una lástima, de verdad.
La cuestión de la comunicación es un tema que a mí me tiene frito. Porque, como ya conté, el asunto de materializarse es harto complicado y lo deja a uno exhausto. Pero existen otras formas. Por ejemplo intentar mover un objeto que esté delante del vivo. Pero no sé por qué, eso les da aún más terror que lo de las voces. Y piensas “ Joer, que solo he movido el cenicero, que llega a haber un terremoto y se asusta menos que con esto”. En resumen, que cada vez que nosotros intentamos decirles algo, ustedes huyen despavoridos a las primeras de cambio. Y eso no son formas, señores. Que el hecho de mover un cenicero cuando no tienes un cuerpo material también es complicado, también, que tiene su mérito y no lo puede hacer cualquiera. Un respeto al esfuerzo, al interés y a la dedicación que ponemos en estas artes. Por lo menos no salgan corriendo, que queda como que muy descortés. Así que al final se nos quitan hasta las ganas.
Pero lo que no puedo soportar son estos que van de “Médiums” y no tienen ni idea de lo que hacen o de lo que dicen. Y que montan unos espectáculos de flipar. Tú ves al tío, o a la tía allí sentado, con un montón de peña alrededor diciendo “Yo te invoco, espíritu, ¡manifiéstate!”. Y tú te lo quedas mirando y pensando: “¿esto irá por mi o por alguno de los veinticinco que estamos aquí?” Y sigues mirando mientras ves como encienden velas, apagan luces y se agarran de las manos. “Espíritu, ¿estás ahí?” Y tú pensando, “pues como no nos des más pistas…” Lo normal en estos casos es que nos de la risa y nos marchemos todos con viento fresco, dejándolos allí con sus invocaciones. Aunque a veces yo me quedo a observar como el “santero” de turno hace su numerito de contactado con el más allá y se va inventando sobre la marcha lo que le dice el supuesto espíritu. En esas ocasiones me entran unas ganas de liarla… Ya me entienden ustedes. Pero yo no soy de esos. Aunque hay quién sí lo es. Y ocurre en ocasiones que a uno de los nuestros le da por “hacer la gracia” y comienza a dar golpecitos en las paredes, en las mesas, en alguna que otra cabeza… ¡y ya está el lío armado! Todo el mundo a chillar y a correr como alma que lleva el diablo (por cierto, que nunca he comprendido muy bien esta frase, porque yo al diablo no lo he visto ni en pintura. Al otro tampoco, oigan, para que nos vamos a engañar.) Qué gracia me hace cuando luego les oyes contar como les “atacó” un espíritu. ¡Pero venga! ¿No queríais comunicaros? ¿a qué viene luego el asustarse así por unos golpecitos de nada? Si es que…, de verdad, que los vivos no saben ni lo que quieren. Si no te comunicas…, mal. Y si lo haces…, peor. ¿En qué quedamos pues?
En mi caso he decidido solucionar el tema de la comunicación con el más acá usando las nuevas tecnologías. Conocía a un tipo, un friki de estos de los ordenadores, de los que no sale de la habitación dónde tiene el PC ni para cagar. De los que su madre les pasa la bandeja con la comida por la gatera de la puerta. De esos. Y he de reconocer que el tipo, pese a sus numerosas excentricidades, me cayó bien. Tanto es así que un día me atreví a intentar decirle que estaba allí. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que usando su propio teclado? El experimento fue todo un éxito. Tanto es así que ahora el muchacho ha salido de su habitación para ingresar en una secta (espero que no fuese por las cosas que le dije), y aquí me he quedado yo. Con su PC , su conexión ADSL y su blog. ¿Cómo iba a desperdiciar la ocasión de postear?
Un saludo desde el más allá.
Balballarnia
miércoles 16 de abril de 2008
Uyuyuy se presenta.
Me presentaré como mandan los cánones:
-Hola, buenos días. Me llamo “Uyuyuy”, y soy un fantasma. Si, ha leído usted bien, soy un fantasma de los de aparecerse y tal. Lo de mi nombre es más bien un mote que me he puesto yo mismo porque soy incapaz de recordar mi nombre. De hecho, esto es uno de los inconvenientes que tiene ser un espectro: que no te acuerdas prácticamente de nada de tu existencia como “viviente”. Hombre, alguna cosilla suelta siempre queda por ahí, en la memoria. Recuerdo, sin ir más lejos, una bicicleta roja que tenía cuando era pequeño. O pequeña, vaya usted a saber. Que por no acordarme no me acuerdo ni de qué sexo era cuando estaba vivo. Cosa que, por otra parte, tampoco me preocupa demasiado. No es que quiera ponerme ahora a ligar ni nada parecido. Luego les contaré cómo está el personal por aquí, por este lado, y seguro que me comprenderán.
Pues bueno, lo que les decía, que importarme no es que me importe mucho saber de qué sexo era. Lo que ocurre es que me jode oír la dichosa frasecita de que los ángeles no tienen sexo. ¡Qué equivocado está el mundo! ¡Los que no tenemos sexo somos los fantasmas! Aunque, ¿para qué íbamos a necesitar saberlo? ¿Para ligar con otro espectro? Tienen ustedes que saber, mis queridos lectores, que aquí en el inframundo, en el más allá, en el mundo de ultratumba o la dimensión espectral, las relaciones inter-fantasmales son algo que no se lleva. Y no se llevan, más que nada, porque la mayoría de los espectros somos incapaces de recordar nada de nuestro pasado terrenal. La mayoría de los que están aquí viven (es un decir, claro) obsesionados con una sola idea: Está el típico que solo piensa “Tengo que vengarme”, o el “Me han matado, Dios mío”. También están los de “Quiero ir con mi mamá”, o los de “Ten cuidado, va a pasar algo malo”. Pero yo no me relaciono con esa gente porque son todos unos tristes. Los únicos colegas que tengo por aquí son “Qué fuerte tío, que me la he pegao” y “Anda la ostia, este toro también es de Bilbao”. Aunque yo los llamo cariñosamente “El petas” y “Fermín”, respectivamente. Total, a ellos les da igual. Como no saben su nombre…
En cuanto al mío tengo que confesar que se me ocurrió después de observar en numerosas ocasiones lo que sucedía en el mundo de los vivos cuando yo andaba cerca. La mayoría de la gente decía: “Uyuyuy, que mal rollito me da esto”, o bien, “Uyuyuy, estoy notando una presencia extraña”. Todo era “Uyuyuy” por aquí y “Uyuyuy” por allá. Y como en todos los casos se estaban refiriendo a mí… ya me entienden ¿no?
Pero lo que yo he venido a contarles, mejor dicho, a reclamarles, es que se nos trate con un poquito más de dignidad. Que bastante tenemos ya cada uno con lo nuestro como para que encima tengamos que aguantar a especímenes del tipo “Tristanbeiker” o cómo demonios se llame el tipo éste, intentando tocarnos las narices a dos manos. “Cazafantasmas” dice el tío que es. Pues lo que nos faltaba. Otro que tiene ganas de dar la nota a base de tocarnos las pelotas a los demás. Oigan ustedes, que la mayoría de los de este gremio somos gente pacífica que ni asustamos ni nada. Que la mayoría solo vamos por ahí penando y tal, y otros muchos ni tan siquiera eso. (Como yo, que paso de currar. El que quiera verme que la palme primero.) No voy a estar yo apareciéndome ahí día sí y día también por la filo. ¡Con lo que desgasta eso! Si, si, que desgasta. Que el coger y aparecerse te deja con más poca sustancia espectral que para qué. Y si te descuidas te desmaterializas y Sanseacabó. Que los únicos que se materializan todos los días son los espectros yonkis (los pobres están enganchados), y así les va: que en cuatro días se quedan en nada y se van para el otro barrio (esto me suena).
De todas formas me tendrán que reconocer ustedes que en esto de los fantasmas hay mucha leyenda negra. Si ustedes supieran… La verdad es que aquí tenemos de todo un poco. Pero la mayoría de la peña está más p’allá que p’acá. Se les va la olla cosa mala. Noche y día llorando y penando. Si, si, por el día también curran, lo que pasa es que con tanto tráfico y tanto ruido que tienen ustedes por allí ni se les oye. Vete tú en pleno día a una ermita perdida en el monte y verás si los notas o no los notas. La mayoría de los fantasmas de ermita, o ermitaños, eran personas como ustedes que fueron un día de romería a la ermita, bebieron demasiado y se la pegaron con el coche cuando bajaban. Como iban borrachos no supieron encontrar el camino a casa así que dieron media vuelta y se quedaron en la ermita. ¡La cantidad de fantasmas que puede haber en una ermita! Pues echen cuentas, desde que se construyó hasta ahora… Eso sin contar que muchas de ellas están construidas sobre antiguos centros de culto pagano. Así que la cosa viene de antiguo. ¡Que nosotros aquí también tenemos personalidades de rancio abolengo! O lo que es lo mismo: que hay algunos tipos por aquí que deben de ser más viejos que Matusalén. Ahora, eso sí, todos borrachos, oigan. Que asustar no es que asusten mucho, pero dan la murga e incordian un rato largo. Lo mismo ocurre con las casas encantadas que sufren fenómenos “poltergeist”. Sí, hombre, donde salen los platos volando, las sillas volando, los cuadros volando… y se estrellan contra la pared. ¿Qué se creían ustedes? ¿Qué esto lo hace un espectro solito? De eso nada, no señor, esto lo hacen siempre entre cuatro o cinco y encima todos borrachos perdidos. Porque si algo tengo claro es que tal como te mueres, pues así te quedas. Si ibas mamaó cuando la palmaste tu fantasma seguirá así por los siglos de los siglos. Lo mismo que si eras cojo, tuerto, o un pelota asqueroso. Cada uno nos venimos a este plano con nuestro saquito de miserias a cuestas. Supongo que será para distinguirnos, digo yo, porque con esta moda de las transparencias la verdad es que se nos confunde con facilidad.
De todas formas yo tengo que quejarme, y me quejo, de que esto está muy mal organizado. Yo no sé la “Organización” de qué me va, porque por aquí anda todo manga por hombro. ¿Y a dónde vas a reclamar?, ¿eh?, díganmelo ustedes, porque yo no lo sé. Que aquí no hay oficinas ni despachos donde ir a plantar una queja. Sin ir más lejos: cuando llegas…, aquí no te recibe ni Dios. Todo es ir a preguntar a unos y a otros, pero como la mayoría de los espectros van “a piñón fijo”, cada loco con su tema, pues ni se molestan en responderte. Así que te tienes que buscar la vida (o mejor dicho, la muerte) tu solito. Una pena, oigan. Que la única solución que te queda es la de observar y observar hasta que te vas enterando de que va el rollo este. Cosa que, por cierto, es un auténtico aburrimiento. Y yo, como me aburro tantísimo, pues en vez de observar aquí a los compis, (que son un auténtico muermo), me dedico a fijarme en lo que hacen ustedes allá en el otro barrio. Que eso si que es la mar de entretenido. ¡De lo que se entera uno!, que cosas… ¡y lo que se aprende! Si, si, que incluso después de muerto puede aprender uno una cantidad de cosas increíbles. Ahora, eso sí, hay que tener interés, y yo de eso tengo mucho. Supongo que soy un fantasma atípico. Desde luego no es la norma que un fantasma se interese por algo que no sea él mismo y su pena, pero oigan, debe de ser que yo me morí tranquilo, porque como no peno por nada… ¿qué voy a hacer si no? En fin, esto es lo que hay. Espero volver pronto a charlar con ustedes. Un saludo desde el más allá.
-Hola, buenos días. Me llamo “Uyuyuy”, y soy un fantasma. Si, ha leído usted bien, soy un fantasma de los de aparecerse y tal. Lo de mi nombre es más bien un mote que me he puesto yo mismo porque soy incapaz de recordar mi nombre. De hecho, esto es uno de los inconvenientes que tiene ser un espectro: que no te acuerdas prácticamente de nada de tu existencia como “viviente”. Hombre, alguna cosilla suelta siempre queda por ahí, en la memoria. Recuerdo, sin ir más lejos, una bicicleta roja que tenía cuando era pequeño. O pequeña, vaya usted a saber. Que por no acordarme no me acuerdo ni de qué sexo era cuando estaba vivo. Cosa que, por otra parte, tampoco me preocupa demasiado. No es que quiera ponerme ahora a ligar ni nada parecido. Luego les contaré cómo está el personal por aquí, por este lado, y seguro que me comprenderán.
Pues bueno, lo que les decía, que importarme no es que me importe mucho saber de qué sexo era. Lo que ocurre es que me jode oír la dichosa frasecita de que los ángeles no tienen sexo. ¡Qué equivocado está el mundo! ¡Los que no tenemos sexo somos los fantasmas! Aunque, ¿para qué íbamos a necesitar saberlo? ¿Para ligar con otro espectro? Tienen ustedes que saber, mis queridos lectores, que aquí en el inframundo, en el más allá, en el mundo de ultratumba o la dimensión espectral, las relaciones inter-fantasmales son algo que no se lleva. Y no se llevan, más que nada, porque la mayoría de los espectros somos incapaces de recordar nada de nuestro pasado terrenal. La mayoría de los que están aquí viven (es un decir, claro) obsesionados con una sola idea: Está el típico que solo piensa “Tengo que vengarme”, o el “Me han matado, Dios mío”. También están los de “Quiero ir con mi mamá”, o los de “Ten cuidado, va a pasar algo malo”. Pero yo no me relaciono con esa gente porque son todos unos tristes. Los únicos colegas que tengo por aquí son “Qué fuerte tío, que me la he pegao” y “Anda la ostia, este toro también es de Bilbao”. Aunque yo los llamo cariñosamente “El petas” y “Fermín”, respectivamente. Total, a ellos les da igual. Como no saben su nombre…
En cuanto al mío tengo que confesar que se me ocurrió después de observar en numerosas ocasiones lo que sucedía en el mundo de los vivos cuando yo andaba cerca. La mayoría de la gente decía: “Uyuyuy, que mal rollito me da esto”, o bien, “Uyuyuy, estoy notando una presencia extraña”. Todo era “Uyuyuy” por aquí y “Uyuyuy” por allá. Y como en todos los casos se estaban refiriendo a mí… ya me entienden ¿no?
Pero lo que yo he venido a contarles, mejor dicho, a reclamarles, es que se nos trate con un poquito más de dignidad. Que bastante tenemos ya cada uno con lo nuestro como para que encima tengamos que aguantar a especímenes del tipo “Tristanbeiker” o cómo demonios se llame el tipo éste, intentando tocarnos las narices a dos manos. “Cazafantasmas” dice el tío que es. Pues lo que nos faltaba. Otro que tiene ganas de dar la nota a base de tocarnos las pelotas a los demás. Oigan ustedes, que la mayoría de los de este gremio somos gente pacífica que ni asustamos ni nada. Que la mayoría solo vamos por ahí penando y tal, y otros muchos ni tan siquiera eso. (Como yo, que paso de currar. El que quiera verme que la palme primero.) No voy a estar yo apareciéndome ahí día sí y día también por la filo. ¡Con lo que desgasta eso! Si, si, que desgasta. Que el coger y aparecerse te deja con más poca sustancia espectral que para qué. Y si te descuidas te desmaterializas y Sanseacabó. Que los únicos que se materializan todos los días son los espectros yonkis (los pobres están enganchados), y así les va: que en cuatro días se quedan en nada y se van para el otro barrio (esto me suena).
De todas formas me tendrán que reconocer ustedes que en esto de los fantasmas hay mucha leyenda negra. Si ustedes supieran… La verdad es que aquí tenemos de todo un poco. Pero la mayoría de la peña está más p’allá que p’acá. Se les va la olla cosa mala. Noche y día llorando y penando. Si, si, por el día también curran, lo que pasa es que con tanto tráfico y tanto ruido que tienen ustedes por allí ni se les oye. Vete tú en pleno día a una ermita perdida en el monte y verás si los notas o no los notas. La mayoría de los fantasmas de ermita, o ermitaños, eran personas como ustedes que fueron un día de romería a la ermita, bebieron demasiado y se la pegaron con el coche cuando bajaban. Como iban borrachos no supieron encontrar el camino a casa así que dieron media vuelta y se quedaron en la ermita. ¡La cantidad de fantasmas que puede haber en una ermita! Pues echen cuentas, desde que se construyó hasta ahora… Eso sin contar que muchas de ellas están construidas sobre antiguos centros de culto pagano. Así que la cosa viene de antiguo. ¡Que nosotros aquí también tenemos personalidades de rancio abolengo! O lo que es lo mismo: que hay algunos tipos por aquí que deben de ser más viejos que Matusalén. Ahora, eso sí, todos borrachos, oigan. Que asustar no es que asusten mucho, pero dan la murga e incordian un rato largo. Lo mismo ocurre con las casas encantadas que sufren fenómenos “poltergeist”. Sí, hombre, donde salen los platos volando, las sillas volando, los cuadros volando… y se estrellan contra la pared. ¿Qué se creían ustedes? ¿Qué esto lo hace un espectro solito? De eso nada, no señor, esto lo hacen siempre entre cuatro o cinco y encima todos borrachos perdidos. Porque si algo tengo claro es que tal como te mueres, pues así te quedas. Si ibas mamaó cuando la palmaste tu fantasma seguirá así por los siglos de los siglos. Lo mismo que si eras cojo, tuerto, o un pelota asqueroso. Cada uno nos venimos a este plano con nuestro saquito de miserias a cuestas. Supongo que será para distinguirnos, digo yo, porque con esta moda de las transparencias la verdad es que se nos confunde con facilidad.
De todas formas yo tengo que quejarme, y me quejo, de que esto está muy mal organizado. Yo no sé la “Organización” de qué me va, porque por aquí anda todo manga por hombro. ¿Y a dónde vas a reclamar?, ¿eh?, díganmelo ustedes, porque yo no lo sé. Que aquí no hay oficinas ni despachos donde ir a plantar una queja. Sin ir más lejos: cuando llegas…, aquí no te recibe ni Dios. Todo es ir a preguntar a unos y a otros, pero como la mayoría de los espectros van “a piñón fijo”, cada loco con su tema, pues ni se molestan en responderte. Así que te tienes que buscar la vida (o mejor dicho, la muerte) tu solito. Una pena, oigan. Que la única solución que te queda es la de observar y observar hasta que te vas enterando de que va el rollo este. Cosa que, por cierto, es un auténtico aburrimiento. Y yo, como me aburro tantísimo, pues en vez de observar aquí a los compis, (que son un auténtico muermo), me dedico a fijarme en lo que hacen ustedes allá en el otro barrio. Que eso si que es la mar de entretenido. ¡De lo que se entera uno!, que cosas… ¡y lo que se aprende! Si, si, que incluso después de muerto puede aprender uno una cantidad de cosas increíbles. Ahora, eso sí, hay que tener interés, y yo de eso tengo mucho. Supongo que soy un fantasma atípico. Desde luego no es la norma que un fantasma se interese por algo que no sea él mismo y su pena, pero oigan, debe de ser que yo me morí tranquilo, porque como no peno por nada… ¿qué voy a hacer si no? En fin, esto es lo que hay. Espero volver pronto a charlar con ustedes. Un saludo desde el más allá.
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